¿Qué es la reserva cognitiva y por qué deberías cuidarla?

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Corría el año 1986 cuando el investigador David Snowdon comenzó a estudiar a un grupo de monjas católicas de edades avanzadas que formaban parte de un convento de Estados Unidos. Durante varios años, las monjas donaron sus cerebros para ser estudiados después de su muerte, lo que permitió a los científicos analizar la relación entre el estado físico del cerebro y los síntomas de demencia.

reserva cognitiva

Lo sorprendente fue que algunas de estas mujeres, a pesar de tener un cerebro que mostraba signos claros de Alzheimer, no mostraban síntomas clínicos de la enfermedad mientras vivían. Snowdon propuso que factores como el nivel educativo y una vida intelectual activa como escribir y participar en actividades cognitivas les habían proporcionado una «reserva» que les permitía afrontar los efectos del daño cerebral sin que se manifestara de inmediato el deterioro cognitivo. Este estudio supuso un punto de inflexión en el entendimiento de cómo el cerebro envejece y cómo algunos factores externos pueden protegernos del desarrollo de la demencia.

A finales del siglo XX y principios del XXI se propusieron diversas hipótesis para explicar este fenómeno, entre las que destaca la hipótesis de la reserva cognitiva. Desde entonces, el estudio de la reserva cognitiva y sus efectos han ido adquiriendo cada vez más relevancia, especialmente en el contexto de la prevención de la demencia.  

Actualmente, la reserva cognitiva se describe como la capacidad del cerebro para rendir mejor de lo esperado, incluso cuando hay cambios cerebrales relacionados con la edad, lesiones o enfermedades cerebrales. Por lo tanto, las personas con mayor reserva cognitiva tienen más recursos para recurrir a diferentes redes cerebrales o para utilizar sus redes neuronales de manera más eficiente como vemos en la imagen inferior.  Es como si, ante una calle cerrada en tu trayecto habitual, pudieras identificar rápidamente otros caminos posibles o cambiar el medio de transporte para seguir avanzando hacia tu destino.

Esto les permite adaptarse a los efectos del daño de forma activa y amortiguar así sus consecuencias. Una mayor reserva cognitiva ayuda al cerebro a ser más flexible y resiliente frente a las lesiones.  

reserva cognitiva nevro

¿De qué depende la reserva cognitiva y cómo puedes cuidarla?

La reserva cognitiva se determina por diversos factores como el nivel educativo, la ocupación, la participación en actividades cognitivamente estimulantes o estar involucrado en entornos sociales activos. Además, un número creciente de investigaciones sugiere que algunos hábitos de salud, como la actividad física, también contribuyen a la reserva cognitiva.

Educación formal:

Un mayor nivel educativo está relacionado con una mayor reserva cognitiva. La educación podría proporcionar estrategias mentales que ayudan a las personas a manejar los efectos de las enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer. Más allá de la educación, también se sugiere que la alfabetización, saber leer y escribir, ya contribuye a la formación de la reserva cognitiva y la protección contra la demencia, especialmente en aquellas personas con bajo nivel educativo. 

Ocupaciones y actividades desafiantes:

Los trabajos que requieren habilidades cognitivas complejas, como la resolución de problemas o la toma de decisiones, pueden ayudar a fortalecer la reserva cognitiva. Las profesiones en campos como la ciencia, la educación o el arte, que desafían constantemente al cerebro, son protectoras frente a enfermedades cognitivas.

 

Participación en actividades cognitivas

Mantenerse activo mentalmente a través de actividades como leer, aprender nuevos idiomas, resolver acertijos, y adquirir nuevas habilidades ayuda a construir una reserva cognitiva sólida. Por lo tanto, involucrarse en actividades de ocio intelectuales, como tocar un instrumento musical, practicar arte, o jugar a juegos de estrategia, también contribuye a la estimulación cognitiva.

Estilo de vida socialmente activo:

Las interacciones sociales son fundamentales para la salud cognitiva. Participar en actividades sociales (p.ej., clubs de lectura, voluntariados, ir a misa) y mantener una red de apoyo sólida puede proteger contra el deterioro cognitivo, ya que estas interacciones estimulan tanto el cerebro como el bienestar integral.

Ejercicio físico regular:

La actividad física regular mejora la circulación cerebral y la neuroplasticidad, contribuyendo a la salud cerebral a largo plazo. Ejercicios como caminar, nadar o realizar entrenamientos cardiovasculares son particularmente beneficiosos para la reserva cognitiva.

En definitiva, la reserva cognitiva se construye a lo largo de toda la vida, desde las experiencias en la infancia (p.ej., escuela, juegos), pasando por la etapa adulta (p.ej. ocupación principal), hasta las actividades de ocio y sociales en las que uno se involucra en su presente. Mantenerse mental y físicamente activo, socialmente involucrado y aprender continuamente ayuda a fortalecer la capacidad del cerebro para afrontar mejor los efectos del envejecimiento y sus consecuencias, como las enfermedades neurodegenerativas.

Pensando en el futuro… ¿qué pequeños hábitos de hoy están cuidando al adulto mayor que serás mañana?

 

 

Patricia Alzola Bordón (1) y Lorena Casado Román (2) 

  • Psicóloga General Sanitaria e Investigadora Predoctoral en Formación, Área de Psicobiología, Universidad de Salamanca.
  • Doctora en Neurociencias, Neurocientífica en Nevro Solutions

 

Referencias

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