Neurofeedback para el autismo: qué dice la investigación y qué vemos en el día a día 

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En este artículo vamos a recuperar algunos de los puntos más importante a comprender y relacionar entre el autismo y los tratamientos con neurofeedback. Si tienes un hijo o hija con Trastorno del Espectro Autista o TEA, seguramente estás siempre buscando nuevas formas de ayudarle. En los últimos años, el neurofeedback ha ido ganando atención entre familias y profesionales. Pero ¿qué es exactamente? En este artículo te lo explicamos.

El neurofeedback es una técnica no invasiva que permite a una persona «ver» su actividad cerebral en tiempo real y aprender a regularla. En niños y jóvenes con TEA, los estudios muestran resultados prometedores: mejoras en atención, funciones ejecutivas, sueño y comportamiento social, aunque la investigación todavía está en desarrollo.

¿Qué es el neurofeedback para el autismo?

Imagina que tu cerebro pudiera verse a sí mismo a través de un espejo funcionando y así, aprender a hacerlo mejor. Eso es, en esencia, el neurofeedback. Consiste en colocar unos sensores indoloros en el cuero cabelludo que miden la actividad eléctrica del cerebro. Esa información se transforma en tiempo real en algo visible y comprensible para el cerebro del niño: una animación o música. 

La técnica se basa en la neuroplasticidad: la capacidad del cerebro de cambiar y reorganizarse en respuesta a la experiencia y el aprendizaje. El cerebro, sin que la persona tenga que esforzarse conscientemente, aprende a producir cada vez más la actividad que buscamos. Es como aprender a montar en bici: al principio cuesta, pero el cuerpo acaba interiorizando el equilibrio.

Lo más importante: es una técnica completamente no invasiva y sin medicación. No hay corriente eléctrica, no hay molestias.

El cerebro en el autismo: ¿qué muestran los registros cerebrales?

El cerebro de las personas con TEA funciona de forma diferente, y los registros cerebrales lo confirman. Algunos estudios muestran que hay áreas del cerebro que se comunican demasiado entre sí, y otras que lo hacen demasiado poco. También es frecuente encontrar un exceso de ondas cerebrales lentas en zonas relacionadas con la atención y la regulación emocional.

  • Mayor potencia en ondas lentas (delta y theta), relacionadas con estados de baja activación cerebral, como el sueño o la somnolencia. Cuando aparecen con demasiada intensidad durante la vigilia, especialmente en áreas frontales, pueden asociarse con dificultades para mantener la atención, regular la conducta o sostener el esfuerzo mental durante tareas complejas.
  • Menor potencia en ondas alpha. Las ondas alpha están vinculadas con procesos importantes como la regulación emocional, la relajación activa, y la capacidad de filtrar estímulos irrelevantes. Cuando su actividad es menor de lo esperado, el cerebro puede tener más dificultades para organizar la información sensorial o para mantener un estado de atención estable, algo que muchas personas con TEA describen como sentirse fácilmente sobreestimuladas por el entorno.
  • Alteraciones en la conectividad entre regiones cerebrales. Esto podría explicar por qué algunas personas con TEA destacan en el procesamiento de detalles o patrones específicos, pero a veces encuentran más difícil integrar información compleja, social o contextual.
  • También se han propuesto diferencias en el funcionamiento del llamado sistema de neuronas espejo, un conjunto de redes cerebrales implicadas en la imitación, el aprendizaje por observación y la comprensión de las acciones de otras personas. 

Estas características hacen del neurofeedback un candidato interesante como intervención: si podemos identificar qué aspectos de la actividad cerebral están alterados, podemos entrenar al cerebro para acercarse a patrones más funcionales.

¿Qué dice la investigación?

Desde los años 2000, el número de estudios sobre neurofeedback y autismo ha crecido notablemente. A continuación, te explicamos los hallazgos más relevantes:

Los estudios pioneros con ATEC

Uno de los primeros estudios controlados fue publicado por Jarusiewicz (2002). Dividió a niños con TEA en dos grupos: uno que recibió entrenamiento de neurofeedback y otro de control. El resultado fue llamativo: el grupo que recibió neurofeedback mostró una reducción media del 26% en los síntomas autistas evaluados con el ATEC (Autism Treatment Evaluation Checklist). Los padres también reportaron mejoras en socialización, comunicación, ansiedad y sueño.

¿Se mantienen los efectos con el tiempo?

Una pregunta crucial para las familias es: ¿los beneficios duran? Kouijzer et al. (2009), realizaron un seguimiento a 12 meses de niños con TEA que habían recibido 40 sesiones de neurofeedback. Los resultados confirmaron que las mejoras en funciones ejecutivas y conducta social se mantuvieron. Los autores proponen que la supresión del exceso de ondas theta a través del neurofeedback promueve una mayor flexibilidad cerebral, mejorando las funciones ejecutivas y la teoría de la mente.

Enfoques más recientes: neurofeedback individualizado

La investigación más reciente apunta hacia la personalización como clave del éxito. Coben y Myers (2010), compararon un protocolo estándar (basado en síntomas) con uno guiado por la conectividad cerebral individual evaluada en cada niño. El resultado: el enfoque personalizado produjo mayores reducciones en múltiples escalas del ATEC.

¿Qué áreas pueden mejorar con neurofeedback?

Aunque los estudios varían en protocolo, muestra y medidas, existe cierta convergencia en las áreas que pueden beneficiarse:

  • Sueño
  • Regulación emocional
  • Memoria de trabajo
  • Atención
  • Funciones ejecutivas
  • Conducta social

 

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Casos reales 

En estas imágenes de abajo veis los cambios reales de uno de nuestros niños de 6 años, tras 20 sesiones de neurofeedback en unos 2 meses y medio. A la izquierda se observan los excesos de las diferentes ondas marcados en rojo en las áreas del cerebro correspondientes y en la derecha como estos excesos van desapareciendo.

casos reales neurofeedback para autismo ninos con TEA 1

El niño ha ido mostrando cambios importantes en distintos aspectos de su día a día. En la parte atencional, ahora consigue mantenerse centrado durante más tiempo en una misma actividad. Si antes, en muchos momentos, le costaba incluso permanecer sentado, ahora puede sostener mejor la atención y aprovechar más las tareas. Este cambio ha ido acompañado de una mejor regulación de su actividad cerebral (excesos de ondas lentas) en zonas frontales, áreas muy relacionadas con la atención y el autocontrol. También se ha observado una evolución positiva en la memoria: recuerda mejor información y experiencias que antes olvidaba con más facilidad. Todo ello ha favorecido claramente su trabajo tanto en el colegio como en las sesiones de logopedia.

También se ha observado una reducción del exceso de actividad en ondas rápidas beta, algo que suele asociarse a un estado de menor sobreactivación cerebral. Esto puede ayudar a explicar que se le perciba más descansado, más estable emocionalmente y con una mejor capacidad de regulación. En el plano emocional y social, se muestra más abierto al vínculo, más expresivo y con mayor contacto visual. Comunica más lo que siente y parece conectar con sus emociones de una forma más clara e intensa, tanto en lo positivo como en aquello que le cuesta más gestionar. A la vez, se le percibe más tranquilo, más regulado y menos reactivo en su conducta. También se han observado avances importantes en el descanso nocturno: muchas noches duerme seguido, sin necesidad de reclamar la presencia de su madre, algo que antes sucedía con bastante frecuencia.

casos reales neurofeedback para autismo ninos con TEA 2

¿Cómo es una sesión de neurofeedback? ¿Cómo lo vivirá mi hij@?

Esta es, sin duda, una de las primeras preguntas de las familias. Si estás pensando en esta intervención para tu hijo o hija, puede tranquilizarte saber cómo transcurre una sesión típica:

  • Los especialistas colocamos unos sensores pequeños (electrodos) en el cuero cabelludo del niño. No hay corriente eléctrica ni dolor.
  • El niño se sienta cómodamente frente a una pantalla. Puede ver un vídeo o escuchar una canción.
  • Cuando su cerebro produce la actividad deseada, la pantalla se ve mejor o suena la música.
  • La sesión suele durar entre 30 y 45 minutos.

Para niños con TEA que pueden tener dificultades sensoriales o de regulación, se suele comenzar con sesiones más cortas e ir aumentando progresivamente, adaptando el entorno (luces, ruidos, rutinas previas) a las necesidades del niño. 

 

Es importante recordar que…

Cada niño es único. Aún no hay consenso generalizado sobre cuántas sesiones son necesarias ni cuáles son los mejores protocolos para el TEA siendo por ello necesario una evaluación individualizada de cada caso con el QEEG o mapeo cerebral. El neurofeedback es una herramienta muy útil al entrenar directamente el cerebro poniendo a punto el órgano y facilitando el trabajo con otras intervenciones (logopedia, terapia ocupacional, apoyo educativo…). Siempre decimos que es como llevar el coche al taller para que funcione óptimamente para que aprender a conducir sea mucho más sencillo. 

 

En resumen…

El neurofeedback es una técnica segura, no invasiva y sin medicación que puede ser una opción complementaria valiosa para algunos niños y jóvenes con TEA. Los estudios muestran mejoras en atención, funciones ejecutivas, regulación emocional y conducta social.

No es una intervención con resultados idénticos en todos los perfiles, pero sí puede aportar beneficios relevantes. Para muchas familias, con el profesional adecuado, puede marcar una diferencia real en el día a día y a largo plazo.

 

Eugenia Huergo Guil y Lorena Casado Román, PhD
Área de Neurociencia e Investigación

 

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